Funciones Extraordinarias

CLORO.

Versión libre de Un tranvía llamado deseo, de Tennessee Williams.

Autor: Marcelo Massa.

Actuación: Analía Juan, Estefanía Moyano, Gastón Palermo.

Fotografía y gráfica: Azul Cooper.

Dirección: Marcelo Massa.

 

¿Qué hace que una especie de shock inicial ante la masculinidad y sensualidad de un hombre, luego de constantes humillaciones y agresiones, se convierta en una maraña indivisible de emociones que empujan a una mujer a formar parte de una situación extrema?

¿Qué hace que alguien decida que este hombre sea su verdugo, no tanto por el castigo que él podría proporcionarle, sino por el ‘auto-castigo’ que cree merecer?

¿Podremos indagar en una posible explicación de un fenómeno que trasciende la obra: no la violencia de género, sino el porqué la mujer afectada lo “acepta”?

La mujer que es violentada, ¿puede llegar a sentir un desprecio tan grande por su verdugo que sólo puede ser equivalente a la fascinación que un día experimentó por él?

¿Es posible reflejar figuras de sometimiento que siguen protagonizando las microhistorias de nuestra sociedad?

¿Es posible pensar que, lo que Kowalsky (el personaje masculino central de la obra Un tranvía llamado deseo) hace, tanto con su esposa como con su cuñada, es un delito tipificado? Entonces, que no nos sorprenda si la historia, con sus matices, continúa siendo un reflejo de la sociedad actual; que la víctima sea desacreditada y el victimario, a su vez, justificado.

Como en las tragedias, los personajes están condenados a un final más allá del bien y del mal, un final inexorable y particular para cada uno de ellos, aunque no sea compartido. Cada uno tiene motivos personales para resignar y aceptar una nueva estructura de convivencia. Después de todo, ¿quién puede criticar que alguien busque dónde refugiarse de las inclemencias de la soledad?

La obra se plantea en un espacio de una casa real, el patio con pileta de una casa, un patio de corazón de manzana, cerrado y con poco sol. Se escenifica de día, exponiendo plenamente la realización sin artificios, sin posibilidad de generar ilusión. Lo que ocurre está ahí y no lo podemos evitar.