Estreno Exclusivo

La vendedora de fósforos

(La vendedora de fósforos, Argentina, 2018, DCP, 71’, ATP)
Dirección: Alejo Moguillansky. Con María Villar, Walter Jakob.

La vendedora de fósforos de Andersen que muere de frío en la noche de año Nuevo. El burro de Al azar Baltazar de Bresson -que cambia de dueño una y otra vez hacia el destino trágico de un burro de carga-. El desamor entre un guerrillero del Ejército Rojo Alemán y una delicada pianista argentina. El compositor Helmut Lachenmann -veterano de guerra de las vanguardias del siglo XX- tratando de montar una ópera demencial con la orquesta del Teatro Colón en huelga en medio de un paro nacional de transportes. Los políticos que tratan de negociar con la orquesta. En el medio de todo eso: Marie y Walter habitan una comedia tratando de subsistir junto a su pequeña hija con el improbable ingreso que les genera la música; ensayan ideas para la puesta en escena de la ópera de Lachenman en la que trabajan; y completan el friso de figuras marginales a quienes está dedicada esta oda al limen y a la resistencia.

 

2017: Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente – Mejor película argentina y Mejor película según la Asociación de Cronistas Argentinos

2017: Festival Internacional de Ourense – Mejor película iberoamericana

2017: Festival Internacional de Villa de Leyva – Mejor película

2017: Festival Internacional de Bariloche – Mejor película

2017: Festival de Alessandria – Mejor película

 

“Todo gira alrededor de la ópera del título, compuesta por un compositor germano de vanguardia a partir del cuento de Andersen, con intrusiones de Leonardo Da Vinci y la Fracción del Ejército Rojo alemana. Walter, director de teatro argentino (Walter Jakob, notable como siempre) es contratado como régisseur, para ponerla en el Colón. En paralelo, la mujer de Walter (María Villar, acentuando paralelos con las películas de Piñeiro) es contratada por una añosa pianista (Margarita Fernández, célebre pianista ella misma) y a la hija de ambos (Cleo Moguillansky, hija del realizador) se la pasan de mano en mano. Son 71 minutos de acá para allá, con todo un final autorreferencial en el cual Moguillansky se ocupa de decir que su cine no es para reírse nada más. Seguramente no, pero sería una lástima no hacerlo”.

 

Horacio Bernades, Diario Página12